Javier de Rivera: tendiendo puentes entre la Academia y el activismo


Entrevista a Javier de Rivera, sociólogo e integrante de Cibersomosaguas, un grupo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid que aborda la relación entre cultura digital y movimientos sociales desde un punto de vista crítico

El mundo de la investigación académica es percibido por la sociedad como algo ajeno, que apenas tiene influencia en el día a día. En lo que respecta al activismo, muy apegado a la calle y en donde la reflexión en muchas ocasiones se hace al mismo tiempo que la acción -con las virtudes y perjuicios que ello conlleva- la relación es escasa. Sin embargo, es escasa pero no inexistente. Hay grupos de investigación empeñados en acercar la producción académica a la gente, y hacer que la teoría y la práctica se conjuguen de modo que reporten beneficios a la sociedad. Hablamos con Javier de Rivera, investigador de Cibersomosaguas, secretario de la revista Teknokultura y coordinador del máster en Comunicación Cultura y Ciudadanía Digital (CCCD), para explorar las vías de conexión entre el mundo académico y el mundo activista.


Lo primero, por favor, un par de líneas sobre usted. ¿Quién es y qué hace?

Soy Javier de Rivera, miembro del grupo de investigación Cibersomosaguas, de cultura digital y movimientos sociales. Soy sociólogo, especializado en el estudio de las nuevas tecnologías.

 

¿Qué es un activista?

Es complicado definir qué es un activista… Los términos se acaban desgastando, y el término activista en algunos círculos parece que es como una marca social o algo así, que en realidad no quiere decir nada. Activista tiene que ver con acción, con alguien que hace cosas. Entonces, yo lo entiendo como alguien que hace cosas sin un por qué definido, o porque cree que esas son las cosas que se deben hacer, porque cree que eso va a producir un cambio positivo en el mundo. No busca un beneficio personal, no está haciendo una acción de lobby para satisfacer un interés. Es alguien que actúa para cambiar las cosas en el mundo hacia algo que cree mejor sin que haya un interés personal. Creo que esa es la clave de ser activista.

 

En base a esa definición, ¿se considera uno?

El problema es ponerse etiquetas, para mí es muy difícil ponerme etiquetas de cualquier tipo. Pero si, claramente hago activismo, porque hago muchas cosas que no se ni por qué las hago. Las hago porque me parece que están bien, que hay que hacerlas, porque me parece que es algo positivo, pero que igual no tengo conciencia de hacerlo por ningún interés personal. A veces me pregunto que por qué las hago (risas), por qué dedico mucho tiempo a muchas cosas que no me reportan beneficios personales, al menos directos.

 

¿Cuáles son esas cosas? ¿Cuál es tu parte de activista? Por decirlo de otro modo, ¿cómo haces política?

Pues en el lado académico -voy a hablar un poco de mi activismo más académico-, la Academia está diseñada, su forma de funcionamiento es muy meritocrática, siguiendo una lógica muy neoliberal que se ha implantado y justificado con esta idea de la meritocracia, de que hay que valorar las aportaciones de cada uno a la ciencia y el conocimiento. Pero, en realidad, los estándares que ponen, las publicaciones, la acreditación de todo lo que haces y demás, se convierte en una especie de carrera por acumular méritos que muchas veces no quieren decir nada. El número de publicaciones no quiere decir nada porque no quiere decir que esas publicaciones sean originales, interesantes, ni aporten nada positivo, simplemente que haya muchas y que estén citadas y demás. Entonces, mi parte activista-académica ha sido trabajar en proyectos que creíamos que eran necesarios, que no veíamos una ventaja directa sobre nuestros intereses aunque a la larga si es cierto que algo te benefician.

Por ejemplo, montar y desarrollar la revista Teknokultura. Probablemente es una de las acciones de Cibersomosaguas que más efecto ha tenido. Es una revista académica que montamos pensando que era necesario un medio donde expresar ideas críticas sobre la tecnología desde la sociología, para contrarrestar todos los otros medios y canales de difusión que había, financiados normalmente o por lobbies tecnológicos como la Fundación Telefónica o por grandes editoriales que tienen siempre un perfil muy conservador alineado con los intereses de las grandes tecnológicas. En concreto, por ejemplo, está el campo de la STS, de la Ciencia, Tecnología y Sociedad, o los estudios de Ciencia y Tecnología, en inglés (Science and Technology Studies). Es una disciplina bastante conservadora. Por lo general, está asociada a corrientes bastante poco políticas, que agarran poco en las Ciencias Sociales. Entonces, utilizan un enfoque aparentemente social o sociológico para hablar de la tecnología cuando en realidad no responden a un paradigma crítico de la sociología. Eso nos parecía algo importante a contrarrestar, por lo que iniciamos Teknokultura. A la larga esto me ha sido útil, porque te beneficia asociarte a una marca que acumula un cierto prestigio, pero en el fondo la razón por la que lo hicimos no era esa. Era simplemente porque pensábamos que era importante poner discursos críticos sobre la tecnología sobre la mesa.

 

Llevamos un rato hablando de Cibersomosaguas, ¿nos puedes contar, con más detenimiento, qué es?

Cibersomosaguas es un grupo de investigación. En la universidad se forman los grupos de investigación, que al principio eran simplemente agregados de profesores que investigaban en una línea, pero que luego se han convertido en un recurso básico de la investigación en la universidad. A raíz de que se ha recortado mucho en los presupuestos de investigación, los grupos son el único instrumento que tienen los investigadores de la universidad para coger fondos de fuera. Se busca que los grupos capten fondos de la sociedad civil o de las empresas para hacer investigación. Se han vuelto una de las pocas vías que quedan para investigar. Cibersomosaguas nació como un grupo de profesores que estaban interesados en investigar la cultura digital y los cambios que estaban habiendo en relación con los movimientos sociales, pero también es una forma de captar fondos para hacer investigación. Nosotros, en lugar de hacerlo con empresas privadas, normalmente la mayoría de los estudios que hacemos están financiados por instituciones públicas o semipúblicas u organizaciones sociales y demás. Es una de las particularidades que tenemos, que no trabajamos para empresas. No se si es tanto por política de Cibersomosaguas o porque directamente las empresas no nos contratan, pero la mayoría de los estudios que hacemos son para este tipo de entidades, como la DGT (Dirección General de Tráfico), RENFE, o la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios).

Captura de pantalla de la web de Cibersomosaguas.

¿Cuáles son vuestras líneas de investigación? ¿Qué estáis investigando actualmente?

Las líneas de investigación dependen mucho de los intereses que hay en general en la sociedad. El último estudio más importante que hemos hecho ha sido el del consumo colaborativo para la OCU. Ahí, para lo que nos sirve es para aprender de un tema y desarrollar una perspectiva crítica. Normalmente el estudio lo tienes que hacer con las indicaciones que te dan los que te contratan. Tienes una cierta limitación en cuanto a la cantidad de perspectiva crítica que puedes meter ahí porque tienes que responder a unas peticiones de investigación. Siempre las peticiones de investigación son más o menos neutras. Por lo menos yo no he participado en ninguna investigación que te obligue demasiado a ir en una línea determinada, pero tienes que limitarte un poco en cuanto a introducir tu propia perspectiva. Tienes que cumplir con el objetivo, pero el proyecto sirve para tener tiempo y recursos para investigar sobre un tema, que luego puedes explotar o reeditar de una forma crítica. Digamos que el tiempo y los recursos que has invertido en un tema los puedes luego reutilizar para hacer tu propio discurso, ya personal, desvinculado de la institución. Te permite hacerte experto en un tema.

 

Desde tu punto de vista, como investigador y activista, ¿como influyen los movimientos sociales más ligados al entorno digital como el software libre y la cultura libre a mejorar la sociedad, a hacerla más justa e igualitaria?

El fundador del movimiento del software libre, Richard Stallman.

De muchas formas. Para empezar, toda la tecnología que usamos debería ser libre. El software libre es la única alternativa, lo único que nos da una mínima posibilidad en una sociedad tecnológica como en la que estamos de tener una democracia y una sociedad libre. Sin la libertad de software las otras libertades serían imposibles en una sociedad tecnológica. Es el único reducto, es la clave. Realmente, [Richard] Stallman cuando inicia el movimiento del software libre, ya que él es el fundador porque por su propio empeño genera este concepto, se convierte en “la piedra en el zapato” de la maquinaria de control que son las grandes empresas digitales que trabajan con tecnologías propietarias. El software libre es la única vía. Está muy desarrollado en determinados ámbitos, pero en el usuario final está poco implantado y esto es un problema, habría que desarrollarlo más. Pero el software libre es básico, sin él no habría salvación. Estamos controlados por las tecnologías. Lo único que puede hacer que los usuarios tengan cierto control sobre las tecnologías es el software libre.

 

Entonces, ¿por qué les cuesta tanto a los usuarios darse cuenta de esto?

Cuesta darse cuenta porque no nos lo enseñan en el colegio, no lo dice nadie en la tele, no lo dice nadie en los periódicos. Por eso cuesta darse cuenta. Mucha gente se da cuenta y hay muchos discursos que son conscientes de esto. No nos damos cuenta porque no está en los discursos públicos, y luego, porque no hay dinero para desarrollarlo. Las grandes inversiones de dinero están en el software propietario, que es mucho más accesible. Es decir, tu te compras un teléfono hoy en día y te viene ya con todo el software. Android en teoría es software libre, pero el teléfono está asociado a Google, que es sistema propietario, y a una serie de limitaciones. Hay una hegemonía económica y cultural en este terreno.

 

¿Ves relación entre los movimiento sociales más digitales, asociados al hacktivismo, y los movimientos sociales tradicionales?

Tienen mucha relación, claro. ¿Cómo? Los hacklabs son espacios de innovación en la forma de trabajar, de innovación tecnopolítica. Esto se traslada de forma necesaria al resto de movimientos sociales. Hay un intercambio y un refuerzo muy importante entre el activismo tecnológico y el activismo de calle. De hecho, cuanto más vinculados estén más se refuerzan mutuamente. Es como un catalizador. Uno sin el otro tiene poco recorrido. Primero, porque en el aspecto tecnológico es muy fácil encerrarte en cuestiones técnicas y no implicarte realmente en las cuestiones sociales de fondo. Es fácil quedarte en la torre de marfil de lo tecnológico, simplemente centrándote en las licencias y cosas así, sin darte cuenta que las leyes importan, que los flujos de capital importan, que la desigualdad importa, es muy fácil quedarte ahí aislado. En el otro lado, es muy fácil no ver realmente cómo las tecnologías están organizando las sociedad. Pensar que todo es una cuestión económica y política, y olvidarte de la dimensión tecnológica que hace posible esas hegemonías culturales, políticas y económicas.

 

Autor: Delize.

¿Cómo ejercen ese dominio las grandes empresas tecnológicas en nuestro día a día?

Para empezar, la gente hoy en día, sobre todo la de determinados rangos de edad, se informa a través de redes sociales. Las redes sociales tienen algoritmos y tienen formas de funcionar, y el interfaz está diseñado de forma que refuerza determinados comportamientos. Además los algoritmos te proveen de una serie de contenidos que siguen unas lógicas definidas por empresas privadas. Estas lógicas, sea del modo que sea están influenciando la forma en la que obtenemos información, nos comunicamos y demás. Luego, los teléfonos móviles tienen todo tipo de recursos para registrar dónde vamos, con quién estamos, con quién hablamos, etc. Son tecnologías de control, básicamente. Aunque parezca que en la práctica no se usan como tales, ni se conoce el uso que se está haciendo de esta información, y parece que estos datos no van a ningún lado, en el fondo están ahí. Es una acumulación de poder que se está produciendo y que puede tener determinados usos, y que de hecho los tiene. Facebook o Twitter podrían decidir que alguna información no saliera, y nadie sería capaz de auditar que han bloqueado esa información. Pueden hacer censura sin que se note que hay censura. De hecho, podrían estar haciéndolo constantemente. Google también, con el motor de búsqueda. El acceso a la información del mundo normalmente está mediatizado por Google, y Google decide qué cosas salen y que no.

Más cosas. Por ejemplo, hay otra cosa muy interesante que se piensa poco, que es la producción de contenidos culturales, de medios audiovisuales, como series de televisión y demás, que están muy de moda ahora por el consumo a través de Internet, porque las puedes ver cuando quieres. Sistemas como Netflix hacen un análisis de los gustos pormenorizados de cada persona. Eso es muy útil para segmentar gustos y orientaciones políticas. Relacionan orientaciones políticas y sociodemográficas con gustos narrativos, con el imaginario que hay detrás de determinados grupos sociales. Esto permite segmentar a grupos sociales por imaginarios, de forma que a través del imaginario se puede controlar la opinión de esos grupos. A través de elementos culturales introducidos en las series se pueden programar los gustos y la formación de la subjetividad de determinados segmentos sociales. Permite una maquinaria de ingeniería psicosocial completamente de locura. Es tan fuerte esto, que lo normal es que no lo pensemos, que no se nos ocurra que esto es así. Pero, por ejemplo, Hollywood empezó como la maquinaria ideológica de Estados Unidos, del modelo de vida americano. Esa campaña ideológica hace mucho que funciona y se financia en Hollywood, a nivel más low-tech se ha hecho ya, así que no es ninguna tontería pensar que Netflix sirva para diseñar productos culturales enfocados a generar un determinado tipo de opiniones y actitudes ante el mundo. Con los sistemas de Big Data se puede hacer a nivel ‘micro’, pormenorizado. Estamos hablando de un sistema de control con un potencial enorme para producir nuevas hegemonías culturales.

 

¿Qué puede hacer una persona para participar en la vida pública y mejorar la sociedad en la que vivimos, sin tener que pasar por partidos políticos y gobiernos? ¿Le parece algo efectivo? ¿Se puede hacer política sin partidos políticos?

Claro, lo más interesante para mí y en relación al conocimiento son los grupos de aprendizaje. Gente que se reúna para aprender de determinadas cuestiones, en las tecnológicas hay mucho que aprender. Se reúnen en hacklabs para ganar autonomía tecnológica, para alfabetizarse en como usar tecnologías libres. O simplemente reunirse para aprender de otras cosas, o para compartir pensamiento crítico. Los grupos de autoaprendizaje me parece que son clave para empoderar a la ciudadanía y que sepa cómo hacer las cosas.

En realidad, esto de la Sociedad del Conocimiento es así, vivimos en la Sociedad del Conocimiento. Lo que pasa es que el conocimiento está capitalizado y privatizado en determinados sectores. Es lo que llaman el capitalismo cognitivo, una acumulación de conocimiento privatizado y cerrado. Lo que hay que hacer, una de las vías de participación política más importante, es hacer círculos para que ese conocimiento pueda fluir de una forma más libre, más local, más autorregulada, más autogestionada. Cualquier tipo de organización que vaya en este sentido es una forma de participación política muy útil y muy necesaria.

 

Y yendo a lo personal, ¿qué consejo le daría a una persona que quiere cambiar la sociedad pero que nunca ha hecho nada activamente: se siente sólo, piensa que no puede, no se ve capaz, no sabría por dónde empezar, nunca se ha asociado, no ha protestado, etc…? ¿Qué le diría?

Le diría que buscara grupos de gente con los que comparta una sensibilidad similar a la suya. Que se acerque a asociaciones, colectivos, organizaciones que tenga cerca y que pueda tener acceso a ellas porque es como realmente te puedes involucrar, buscando gente que comparta una sensibilidad política similar para construir desde ahí.

 

Si hay algo que quiera agregar…

En relación con esto del conocimiento, con el proyecto de Teknokultura lo que se ha intentado siempre es, por un lado, ganar ese prestigio y esa consideración con las reglas de la meritocracia académica, y, por otro lado, dar pie y espacio a gente que no sea académica y hacer de puente entre el activismo, la crítica social no académica y la Academia. Intentamos difuminar esa barrera, que es una barrera muy importante de difuminar porque si no, si el conocimiento y la crítica se quedan sólamente en el espacio académico parece que es una torre de marfil. Gente que sabe mucho, que habla mucho, que tiene una perspectiva muy elaborada, pero eso no llega a la sociedad, no llega a la gente, no genera impacto real en la cultura. Hay que, de alguna forma, valorando lo que es académico, y el conocimiento ‘fuerte’ digamos, o más profundo, valorando eso, hay que difuminar la autoridad y la distancia que genera ese conocimiento. Es una forma de hacer puentes para que se reduzca esa distancia. Hay que trabajar mucho en este espacio de conocimiento, en grupos de autoaprendizaje y también en que esas formas de conocimiento se vinculen con la Universidad y con los académicos de una forma más natural.

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