MARCO: Acciones Micropolíticas


En este post reflexionamos sobre el papel de los partidos políticos y cómo hacer política al margen de ellos, para lo que nos aproximamos al concepto de ‘acciones micropolíticas’

En todas las entradas de este proyecto hay una pregunta que subyace, sea cual sea el tema que tratemos. La cuestión es si se puede hacer política como ciudadano o ciudadana para mejorar la sociedad en la que vivimos, si es algo realmente útil, y si es posible hacerlo al margen de partidos políticos. En el resto de marcos hemos abordado este tema desde diferentes ángulos, hemos hablado de participación y de transparencia, de quejas y de litigios, de activismo en redes y de periodismo ciudadano. Este marco pretende servir como un contenedor en el que quepan acciones que no se ajustan a las categorías anteriores y para desarrollar un concepto que es el que mejor define la intención de este proyecto. Se trata de la ‘acción micropolítica’.

Política fuera de los partidos

Para empezar, debemos explicar el por qué de nuestra intención de reinvindicar formas de hacer política al margen de los partidos políticos.

A lo largo del siglo XX los partidos se han consolidado como los principales sujetos organizadores de la acción política. Dentro del marco de la democracia representativa, los partidos son el principal medio para acceder a las instituciones, que son los lugares en los que se produce la toma de decisiones. Uno de los problemas que plantean los partidos reside en un fenómeno nada beneficioso para la democracia, la profesionalización de la política.

Asamblea en el barrio del Poble-sec para abordar la reforma del Paral·lel / Inés Falcone

Ahí es donde está el origen de la denominada clase política, a la que le dejamos la tarea de hacer política puesto que ellos son profesionales y el resto de la ciudadanía -supuestamente- no tiene ni las habilidades ni las competencias para ello. Lo que esta situación genera es una ciudadanía pasiva que realmente ni participa ni se implica en la política, y se limita a elegir a líderes y representantes que van a hacer ese trabajo por ella. Al mismo tiempo, las personas que pertenecen a los partidos políticos y se dedican profesionalmente a ello, al ganarse así la vida tienden a dar prioridad a la supervivencia del partido por encima de la consecución de los objetivos que se pretenden lograr para crear una sociedad mejor. Esto es, que el partido deja de ser un instrumento para convertirse en un fin en sí mismo.

Por otra parte, los partidos políticos tienen una manera de funcionar que plantea otros inconvenientes. Los partidos se dedican a proponer un programa con el que dar respuesta a todos los problemas de la sociedad (vivienda, educación, salud, seguridad, etc) en función de una ideología determinada. Esto es lo que podemos llamar ‘macropolítica’. Sin embargo, parece difícil que un único partido tenga la solución más adecuada para cada una de las cuestiones. Esta dificultad se oculta mediante el recurso a los símbolos y las emociones. Los partidos utilizan la identidad y el sentimiento de pertenencia para homogeneizar el pensamiento de sus integrantes entorpeciendo así la mirada crítica sobre las propuestas que realizan. Eso, en lo relativo a su dinámica interna. En lo que respecta al exterior del partido, la relación con el resto está condicionada porque, como su propio nombre indica, los partidos ‘parten’ a la sociedad. La colaboración y búsqueda de soluciones comunes y consensuadas se hace más complicada cuando cada persona lo está haciendo en función de los intereses de su propio partido -y todo lo que representa- y no de la sociedad en su conjunto. Si no es posible encontrar acuerdos en temas de gran tamaño, la solución pasa por atomizar los problemas e ir discutiéndolos uno por uno sin más atadura que la de querer arreglarlo.

La política de lo concreto

En esta situación, las acciones micropolíticas ofrecen una alternativa. Si los partidos generan una sociedad pasiva que deja la toma de decisiones en manos de profesionales, aquí reivindicamos la ‘acción’, para tomar las riendas y cambiar de dirección hacia un lugar más justo e inclusivo para todas. Las acciones que encontraréis aquí son iniciativas que surgen de la espontaneidad ciudadana. Pueden ser individuales, como la de Irmela Mensah-Schramm, una señora alemana que se dedica a borrar pintadas y quitar pegatinas nazis en su pueblo; o colectivas, como el proyecto ‘La Escalera‘, que busca crear espacios de colaboración en comunidades de vecinos. Pueden ser digitales, como la web sinazucar.org, que pretende mostrar visualmente la cantidad de azúcar que contienen los alimentos;  o físicas, como los bailes reivindicativos del colectivo Flo6x8.

La Escalera

El ámbito de actuación de estas acciones, valga la redundancia, es lo micropolítico. Cuando nos referimos a ‘micro’ no tienen por qué ser acciones pequeñas. Más bien lo que se buscan son acciones concretas. Una persona o un colectivo puede enfocarse en un ámbito determinado en el que tenga unos conocimientos específicos y sobre el que pretenda incidir. El mejor ejemplo en este sentido es la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Este colectivo -y movimiento social- se centra exclusivamente en algo muy concreto pero de enorme importancia, derecho a la vivienda. No hay otro fin que el de lograr que todas y cada una de las personas tengan un techo. Es una cuestión sobre la que cualquier persona podría estar de acuerdo, más allá de su afiliación política. Por tanto, cualquiera que quiera contribuir a lograr ese fin puede aportar sus conocimientos y disposición para conseguirlo.

En el caso de la PAH está claro que sus acciones son concretas, y tampoco hay duda sobre si son o no políticas. Pero, para cerrar esta aproximación al concepto de ‘acciones micropolíticas’ es necesario establecer lo que se considera político de lo que no. La definición de lo que es político ha sido ampliamente debatida desde hace muchísimo tiempo. Como suele ocurrir con este tipo de grandes preguntas, dar una respuesta precisa resulta complejo. Desde el punto de vista de este proyecto, lo político se encuentra en -casi- todas partes, hasta en el propio cuerpo, como demuestran el artista Abel Azcona en sus perfomances, y la activista Mima Simic. En definitiva, se trata de todo aquello que contribuya a construir una sociedad enfocada al bien común y una ciudadanía que defienda y ejerza sus derechos.

 

El concepto de ‘acción micropolítica’ ha sido desarrollado ampliamente por Javier de la Cueva -a continuación un extracto de la entrevista que le hicimos- en su libro Manual del ciberactivista. Teoría y práctica de las acciones micropolíticas (2015). Para quien quiera ampliar información, aquí el enlace a la web del libro de Javier donde se puede descargar gratuitamente.


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