Rosa Jiménez: una escalera hacia la política invisible (II)


Entrevista a Rosa Jiménez, impulsora de el proyecto La Escalera, que trata de fomentar las relaciones entre las comunidades de vecinos mediante el apoyo mutuo en las tareas cotidianas

En esta segunda parte de la entrevista a Rosa Jiménez (aquí podéis leer la primera) aprovechamos el caso de la Escalera para debatir sobre la relación entre las iniciativas comunitarias y su relación con lo público-institucional, de cómo encontrar un equilibrio que facilite la sostenibilidad de este tipo de iniciativas sin comprometer su indepedencia. También profundizamos en conceptos como la propiedad, o lo que ha supuesto la ciudad en cuanto a las relaciones sociales, sin pasar por alto cuestiones tan de actualidad y relacionadas con la Escalera como la turistificación y la gentrificación, como ocurre con AirBnB.


A la hora de asegurar la sostenibilidad de las iniciativas comunitarias suele existir una tensión con lo público, que es desde donde pueden venir los recursos necesarios para ello.

Para mí lo que no es deseable es que esa tensión desaparezca. No es tanto resolverla, como ubicarla y manejarla bien. Creo que necesitamos de esa tensión para que haya una relación que permee a un lado y a otro de esa línea. Para mí sí es deseable que haya apoyo público o institucional en la Escalera. Al igual que lo es que tenga el mínimo de recursos que necesito para mantener activas las redes sociales y seguir alimentándolo para que ese kit del manejo autónomo y autogestionado de la iniciativa siga para adelante. Me he críado en sitios en los que no llegan determinadas prácticas activistas. Y son sitios en los que viene muy bien ese respaldo institucional para hacerlo llegar de otra manera.

 

Es cierto que quizás en este tipo de proyectos comunitarios como el tuyo la gente sea menos reacia a esa colaboración con lo público que en otros ambientes más ligados al activismo tradicional o de etiqueta que comentábamos antes.

A mí me parece bien, porque eso forma parte de esa tensión que nos beneficia que exista. Si cambian las cosas muchísimo supongo que se podrá buscar mejor que desaparezca esa tensión. Pero a día de hoy, creo que no es bueno que desaparezca.

 

Sería una mala señal…

Si, si. Además, creo que hemos experimentado un poco eso. En este asalto institucional -que fue bastante más moderado de lo que pensabamos- sí que ha habido un cambio importante, al menos en unas cuantas ciudades a nivel municipal, hay gente de los que han formado parte de ese asalto ha experimentado lo que supone rebajar ese nivel de exigencia a las instituciones.

 

Esto lo hablábamos en otras entrevistas de Ciudadano Político, a Pablo Soto y Miguel Arana, que han sido algunos de los que han estado asaltando el castillo y cuando han entrado han podido ver las murallas desde dentro.

Me parece que no queda otra que mantener esa tensión. yo soy muy de visualizarlo todo como pulsos. Casi todo en la vida me parece un pulso. Y esto también, y está bien que sea así.

 

¿Y en tu caso, el de la Escalera? ¿Echas en falta algo de apoyo público?

No tanto en aquella Escalera que fue un conjunto de intervenciones directas en comunidades. Ahí no se si echo en falta respaldo institucional. Digo que no lo se porque no tengo claro como se desarrollaría realmente la cosa si lo hubiera. No lo echo tanto en falta ahí como en la otra parte.

Por ejemplo ahora mismo tenemos otro proyecto financiado con la Subdirección de Prevención y Promoción de la Salud. Forma parte de la estrategia de Barrios Saludables, que a su vez forma parte de ‘Madrid Ciudad de los Cuidados’. Lo que estamos haciendo es intentar que desde lo público, las instituciones públicas, haya un mínimo cambio de paradigma hacia entender que la comunidad de vecinos será lo que sea pero es una comunidad. Cuando se hace desarrollo comunitario en cualquier barrio se cuenta con las comunidades que ya existen, que tienen recursos y porque son las entidades a las que tienes que escuchar para saber qué hace falta en ese barrio. Tienen recursos y potencialidad. No hace enfocarlo todo desde el déficit. No se trata de “qué le falta a esta comunidad”, sino “qué tiene esta comunidad” también.

Cartel de la iniciativa del Ayuntamiento de Madrid ‘Ciudad de los cuidados’.

Llevamos un par de talleres, nos queda otro, va acompañado de tareas de investigación, entrevistas y demás, y elaboraremos un par de guías. Se trata de decirle a una organización que trabaja en salud mental: “si pensaras que la comunidad de vecinos es un espacio en el que puedes intervenir, o un espacio con el que contar, ¿como cambiarías tus políticas públicas?”. También pueden ser políticas sociales. Tenemos a oenegés, colectivos vecinales y a Centros Médicos de Salud (CMS). Este en concreto lo hacemos con el CMS de Arganzuela. Tuvimos el taller de diseño de acciones y estrategias y salieron cosas como: “¿qué pasa si una organización promueve en su territorio de actuación unas jornadas de memoria de barrio en las que las exposiciones no se hacen en centros municipales o sociales del barrio, sino en los portales? ¿Qué pasa si hacemos unas jornadas de ‘portales abiertos’?”.

Cuesta muchísimo trabajo porque la comunidad de vecinos es un espacio que consideramos privado. A esa puerta no llamas si no tienes un motivo o una invitación. Pero las iniciativas comerciales sí lo han entendido. A nosotros nos buzonean a saco, porque el lugar de residencia es un lugar al que acudir. ¿Qué pasa si alguien que trabaja en salud mental hace una prescripción social de la Escalera? Por poner [un ejemplo]. Podría ser también otro proyecto que intenta superar el aislamiento a través del contacto con tu entorno más cercano, que no siempre es uno familiar porque no siempre tienes familia, y no siempre es uno de amistades porque no siempre las tienes.

En la modalidad de intervención directa en comunidades no se si echo de menos respaldo institucional. Desde luego lo eché de menos del 31 de marzo a octubre. Se ha visto que hay un proyecto ahí con potencia, con gente que desea hacerlo. Esa necesaria formulación de ideas y de propuestas pasa por una dedicación de muchas horas al día en las que si no hay ninguna modalidad de sustento corres el riesgo de abandonar. Ojalá la herramienta de renovación de la financiación hubiese sido mucho más fácil de lo que era. Por otro lado, si no lo es, es para evitar dedazos y determinadas prácticas jodidas. Ahora bien, hace falta darle una vuelta muy seria a ese tema. Sí que me parece que instituciones públicas y organizaciones sociales hagan este tipo de reflexión con nosotros y sin nosotros, pero desde luego tendrá que sostenerse la entidad con la que la hagan. Esto es para trabajarlo con la Administración también, para que piense en estos términos.

 

¿En qué punto está el proyecto actualmente? ¿Estáis pensando en expandirlo más o en afianzar lo que ya tenéis?

Francamente creo que tengo tareas pendientes de la Escalera desde enero y que todavía no he podido resolver. Esas tareas están ahí y las voy haciendo según voy pudiendo. Me parece muy importante seguir alimentando esa web y esas redes sociales con experiencias para que la parte autónoma y autogestionada tenga su vía de expansión. Me encantaría que pudiera seguir haciéndose. Tenemos parte de los materiales traducidos y ojalá encontrara el tiempo para terminar de traducirlo, de maquetarlo y seguir difundiéndolo. Eso por la vía autónoma. Para eso necesitas tener recursos que te sostengan.

Pero ahora mismo estamos muy volcados con los talleres que estamos haciendo con el CMS, que es muy pionero. Molaría mucho hacerlo después en el CMS de Villaverde, o irnos al Ayuntamiento de Bilbao, o al de Valencia, o al de Barcelona, que han mostrado interés por la Escalera en varias ocasiones. Pensar con ellos en qué vuelta darle. Los espacios de cohousing sí que los entendemos como espacios colectivos y comunes. Parece que hay que comprarse el suelo juntos para hacerlo. Tenemos ya una comunidad en la que vivimos y que admite una cantidad de cambios a mejor que cualquiera como vecino puede pensar.

Web de ‘La Escalera’

 

Ahí está el concepto de la propiedad. Como el edificio no es suyo, la gente no se lo apropia, no lo asume como un espacio que realmente es suyo. Más allá de lo que ponga en un papel en cuanto a la propiedad, ese espacio es de cada uno porque es quien lo está usando. En el caso del cohousing, además del hecho de adquirir el terreno de forma colectiva, también influye que quienes ponen en marcha esas iniciativas ya tiene una predisposición a entender los espacios como algo común. Una vez que existen relaciones interpersonales de este tipo es mucho más fácil extrapolarlo a los espacios.

Creo que es muy fácil mejorar lo que tenemos a pequeña escala. Insisto en la importancia de un corcho abierto. Una de las personas con las que charlamos a partir de la Escalera nos habló de una experiencia, muy previa a la Escalera, de cuando ella empezó a vivir en Lavapiés hace no se cuantísimos años. Era una comunidad en la que en el tablón se compartían cosas como “me voy de vacaciones, dejo dos yogures, una pechuga de pollo y una lechuga, quien lo quiera que venga a recogerlo que me piro el viernes”, hasta “mi hija necesita una bici y no tengo dinero para comprarla si alguien tiene una que me lo diga”. Por supuesto todo esto va con conflicto. La convivencia va con cierto grado de malestar. Esto es así.

 

Se idealizan mucho las relaciones…

Si, si. Es muy nostálgico todo esto. Y no va de nostalgia, va de que yo de verdad tengo la certeza de que vivir como vivimos en las comunidades de vecinos también tiene unos malestares asociados, solo que son los que ya tenemos incorporados, asumidos, ya no los visualizamos ni reparamos en ellos. Es que no te lo planteas. Te planteas si estás contento con tu trabajo, con tu pareja, con tus amigos… Pero quién se plantea si está contento con su comunidad a no ser que haya ya un nivel de conflicto lo suficientemente grande como para pensar “estoy tan poco contento que me piro”.

 

Y entonces no lo intentas arreglar, te vas directamente.

También es muy importante trabajar con la Administración. Creo que solamente hay dos áreas jurídicas que regulan la vida en comunidad. Una es la Ley de Propiedad Horizontal, y la otra está relacionada con cuestiones más del impacto de ruidos, humos, normativas de seguridad ciudadana, etc. El impacto de una propiedad sobre otra. La comunidad se regula entendida así, “cómo tu propiedad impacta sobre la mía”. No hay ningún espacio de interpropiedad. Eso no recibe atención. Y la Ley de Propiedad Horizontal es la que dice que si nos reunimos como propietarios, no como vecinos. Las personas que estamos en régimen de alquiler, por no hablar de las personas que están en otros regímenes, no tenemos lugar de encuentro. ¿Cómo cambiaría la cosa si las juntas que están reguladas por ley, esa anual que hay que tener en todas las comunidades, no fuera de propietarias sino de vecinas? Sólamente eso permea a que de lo que se hable ahí no sea solamente de temas de propiedad. Claro que creo que hace falta un respaldo institucional y que cambien determinadas cosas que tienen que ver con lo institucional.

 

¿Qué otros espacios y prácticas, como los huertos urbanos o los centros sociales, pueden servir para expandir el proyecto, y que la comunidad se implique en otras iniciativas a escala barrial o municipal?

[Con respecto a] la actividad de las 30 comunidades que se pusieron en marcha a partir de noviembre del año pasado, siempre hemos sido muy respetuosas con lo que sucedía ahí. Nunca hemos achuchado para acá o para allá demasiado. Un poco sí, pero muy poquito. De hecho yo ahora lo sería menos, achucharía más. Pero no entra dentro de nuestros planes ir a la comunidad a decirle lo que podrían hacer. Precisamente el límite con el que nos dimos al término de la Escalera tiene que ver, al mismo tiempo, con una potencia. La potencia que tiene una propuesta como ésta si se incorpora a los procesos del barrio. Efectivamente ahí es donde estamos ahora. Se puede pensar en la Escalera como herramienta que refuerce la capacidad de resistencia o resiliencia de una comunidad, y eso lo puedes relacionar con el cambio climático, con el cuidado del entorno, con el compartir recursos, con la economía circular, etc. Con la precariedad que se da en la intervención social y en el mundo cooperativista habrá mas o menos posibilidades de formular y desarrollar las cosas que nos han parecido que son formulables y desarrollables.

Ahora tenemos ayuda. Allá por marzo o abril, cuando se acabó el proyecto sobre el papel fue cuando Andecha comenzó a colaborar con esto. Y yo ahora formo parte de Andecha y voy con mi Escalera, y con mi aprendizaje. Cuando ahora pensamos en formular un proyecto para tal o cual entidad o institución, pues esta es una de las cosas que están en juego. A mí me gusta mucho el ámbito de la salud comunitaria para la Escalera. Creo que la salud comunitaria abarca todo esto; la capacidad de influencia sobre el entorno, el sentido de la comunidad que ahí conviven, con aumentar el grado de autonomía de esa comunidad (recursos, suministros, tecnología). Mucho de lo que ha pasado en la Escalera nos lo ha prestado la realidad.

 

¿Que relación tiene la ciudad en todo lo que venimos hablando? Porque en los pueblos estas relaciones que se pretenden recuperar con la Escalera, de cuidados de apoyo mutuo y de sentido de comunidad, se dan de forma más “natural”. No existen estas teorías, pero el pueblo entero es la comunidad. La ciudad ha iniciado un proceso de individualización que ahora tiene su máximo exponente en la gentrificación y la turistificación. ¿Como ves todo esto?

Manifestación en el barrio madrileño de Lavapiés contra la turistificación.

Con la gentrificación hay que ponerse. Empiezo con AirBnB. La gente tenía motivos muy diversos para participar en la Escalera. Una de las chicas que participo, una comunidad en La Latina, lo hizo porque solo quedaban ya tres pisos de residencia habitual, todo lo demás eran ya apartamentos turísticos. Ahí es donde deja de haber esa comunidad que yo digo que está ahí de por sí. De esos tres pisos uno era de la participante de la Escalera; otro era de una señora mayor con sordera, a la que no molestaban demasiado los pisos turísticos; y otra era de una pareja con hijos, con poco tiempo para dedicarse -volviendo al primer tema- a la vida pública, al activismo, la militancia y la lucha más reconocida. Entonces, esta chica participando en la Escalera empieza a conocer Lavapiés, el Sindicato de Inquilinas, y tiene tiempo de asistir a alguna asamblea o reunión y de tomarse un café con la pareja con hijos. ¿Van a conseguir que deje de haber alquiler turístico en su bloque de vivienda? Muy probablemente no. Cuando se les acabe el contrato se irán de allí a intentar estar mejor en otro sitio.

 

O si se intentan quedar probablemente le subirán el alquiler.

Efectivamente. Pero, desde luego, cambia mucho la experiencia y las personas que forman parte de un proceso así, de unión y cohesión, frente a una amenaza contra la vida como es la turistificación de las comunidades y de los barrios. Te deja con otro tipo de herramientas [para] la relación con el barrio, la ciudad, el urbanismo y cuestiones sociales como la ficción de la autosuficiencia y las familias nucleares. Antes te quedabas con la vecina, era lo mas normal del mundo y era una familia muy extensa que también incorporaba red social. Ahora parece que hay que ser la super madre y el super padre. Todo es un proyecto individual.

 

También ocurre que en la ciudad todo está mas lejos. Necesitas invertir mas tiempo para ir de casa al trabajo y viceversa, dejando de hacerlo en cuidar a tu familia. Así todo el tejido social se va deshilachando hasta que se rompe.

Y pasas mas tiempo activo en el espacio en el que trabajas que el espacio en el que vives, que están lejísimos. Está todo muy atomizado e individualizado. Luego, hay una cuestión que es que nunca ha recaído toda la posibilidad de encuentro dentro de la comunidad. De repente haciendo la Escalera estábamos haciendo eso, que es otro de los límites. Necesitábamos esa panadería de enfrente en la que también te encuentras, ese parque de al lado en el que sacas al perro y tu vecino también. No todos los encuentros se pueden dar en el ascensor o en la escalera -literalmente-. Tiene que haber un espacio alrededor con dotaciones públicas, espacios para la participación (ahora que todo es participación), de encuentro. No puede recaer todo sobre una comunidad. Todo te empuja a no compartir, a no sostener y no reproducir la vida.

 

Para ir terminando, volvemos a las preguntas del cuestionario que enmarcan todas las entrevistas que hacemos. Ha ido saliendo anteriormente, pero por concretar un poco mas, ¿qué puede hacer una persona para participar en la vida pública y mejorar la sociedad en la que vivimos, sin tener que pasar por partidos políticos y gobiernos? ¿Le parece algo efectivo? ¿Se puede hacer política sin partidos políticos?

Esto me lleva al primer sitio. Para mí se hace política en la cotidianidad, y potente. Molaría que obtuviera cierto reconocimiento. También para que tuvieramos más estímulos para hacerlo. El reconocimiento nos mueve, eso es así. Claro que creo que se hace política importante y fundamental fuera de instituciones y de lo formal. Por supuesto que es útil. ¿Qué puede hacer alguien? Pasa por cualquier cosa. Desde asumir un reparto equitativo de las tareas hasta cuidar a la gente a la que quieres, y dejarte cuidar también es una forma estupenda de hacer política, mostrarte vulnerable. Me quedo bloqueada de qué responder de tantas respuestas que me parece que hay para ese tema. Una de las cosas que están muy cargadas de potencia es que eso es hacer política, visibilizar esto, aunque sea desde tu cuenta de Twitter. Yo hablaba un montón en Twitter de mi trabajo en el cine, no paraba de hablar de este señor que me visitaba con su esquizofrenia. No hay ninguna duda en que hay política fuera de esos circuitos, y tampoco la hay en que no se reconoce. Tiene prefijos y espacios de juego acotados que la condicionan. Hay que devolverle, o mejor dicho, darle el lugar que le corresponde a lo que permite que todo esto siga vivo y se sostenga.

Me estoy acordando de algo. Le tengo mucha manía a la expresión “gente que hace cosas” o “hacer cosas”. Es una expresión que en mi entorno, desde el 15M, se ha usado muchísimo. Muchas bios de Twitter de activistas y militantes tienen este rollo de “hago cosas”. Es algo que creo que se usa para rebajar la categoría de lo que haces pero reivindicar que eso es hacer. Pero creo que se cae en una trampa tremenda. Me imagino a una señora de 50 años, con su hijo de 30 todavía en casa porque todavía no se ha podido ir, cuidando de su padre dependiente, manteniendo un curro de mierda, mal pagado, con poco o ningún reconocimiento o incluso humillante, con la vida jodida y sin parar de hacer cosas, viendo un reportaje en la televisión de gente que hace cosas y diciendo “uy, yo no hago cosas”, mientras le faltan manos para sostener lo que está haciendo.

 

¿Qué consejo le daría a una persona que quiere cambiar la sociedad pero que nunca ha hecho nada activamente(considerando lo que hemos hablado sobre lo que esto significa): se siente sólo, piensa que no puede, no se ve capaz, no sabría por dónde empezar, nunca se ha asociado, no ha protestado, etc…? ¿Qué le diría?


Yo, que vengo manteniendo todo el rato esta posición, y que realmente siempre he sido periférica. Eso cuando lo he sido, luego está el tiempo en que ni siquiera he sido periférica. Cuando he sido algo respecto a movimientos sociales, activismos, militancias y demás he sido periférica siempre. A mí me viene alguien con esas y lo que le diría es que me contase en su día a día qué hace, y vamos a ver si hace algo o no. Insisto, creo que en la retaguardia y la invisibilidad se hacen muchísimas cosas. Donde yo me veo con capacidad para hablar de transformación y de cambio es ahí. Otra cosa que estoy haciendo ahora de dar charlas y ocupar lugares de visibilidad contando la Escalera, es algo que no tengo procesado y no sé considerar las herramientas y todavía no siento que esté haciendo ahí tanto como hago en mi día a día, en lo cotidiano.

 

Para terminar, si hay algo que quieras añadir…

Sí, una cosa que siempre se me olvida decir a pesar de lo importante que me parece es que la Escalera son mujeres, como tantas otras cosas. La mayoría de las participantes son mujeres, e incluso el sesgo de género de seguidoras en rrss son mujeres. Hasta en los medios, casi siempre han sido periodistas mujeres las que se han interesado por la Escalera. Este proyecto, de arriba a abajo, de lo productivo a lo reproductivo tiene rostro de mujer.

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